martes, 27 de diciembre de 2011



linda
como un almohadón
suave
como una oveja
fresca
como una albahaca
contenta
como una nena
salvaje
como una espátula
volada
como una paloma
rica
como una morcilla vasca

Por, Alejandro Rozitchner

sábado, 24 de diciembre de 2011

En cada hora

Y en cada hora, cada momento de la vida
Se pueden ver los  recuerdos futuros construyéndose
En cada médano de verano se aparecen 
Las huellas de nuestros cuerpos vivos
Vagos humos del pasado que se quedan quietos en el tiempo para siempre

Los recuerdos se revuelcan, se entrecruzan, se confunden, se matan por sobrevivir
Cielo azul, cielo rosa y cielo negro, así de quieto se sucede todo
Vemos gente joven y gente vieja, pero nunca vemos envejecer...(nota el filósofo)
Se vuelven sobre nosotros ahora los caminos no tomados, libremente.

Nos miran, y el pasar de nuestros torpes pies, nos revelan lo imposible:
Volver el tiempo atrás, ser mejores de lo que hemos sido
Aterrizar en otros mundos para remediarlo todo

Se multiplican los cuerpos en la estupidez de los espejos
Y nos quedamos solos como extraños sin sentido
Que,como el mar, siempre estamos empezando

El devenir del tiempo, mis paraísos perdidos, muestro cuerpo malherido
La nostalgia de saberte imposible
El olor  de tu cabeza al viento, pelo rubio de verdad.

Por Agustín A. Sastre

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Neblina


¿Si tan solo me dijeras que pasará después?
Si pudieras adelantarme un capítulo del cuento,
todo se volvería conocido, predecible y perfecto.
Si supiera cuando te irás, cuándo me dejarás,
todo sería mágico y más fácil.
Esa sábana negra que cubre el futuro
Impide que nos relajemos, evita que nos quedemos.
Es una carrera de la cual no quiero participar
pero aquí estoy con la pechera y a punto de actuar.
Siento pánico e intranquilidad.
No sé qué vendrá.
Veo el próximo árbol,
veo la estación de servicio en el camino
Pero no puedo vislumbrar más allá.
Siento impotencia pero no disminuyo la velocidad.

Por, Agustina Dalmases 

martes, 29 de noviembre de 2011

Sueño con Jamaica



Comparto con ustedes esta declaración de principios, para reclamar de mi mas alegría.


Sueño con Jamaica



Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.
La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.
Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y eso es todo, y nadie le da más vueltas.
En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.
Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.
Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.
Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.
Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.
Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mí más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.
Jamaica o muerte. Venceremos.
Javier OrtizJamaica o muerte. Publicado en El Mundo el 29 de diciembre de 1993.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Alejandra Leonor Parra y haciendo cuentas



Haciendo cuentas:
Me falta el hijo
los acordes de ayer
Me falta la cena del viento
aquel castillo en la costa
Me faltan las rodillas
de este cuerpo arqueado
Me faltan los recuerdos del te fuiste

el vestido que usar para volverte

Haciendo cuentas:
sobro





Por, Alejandra Leonor Parra ( poema publicado en poesía City Bell de José María Pallaoro)

sábado, 26 de noviembre de 2011

Problemas



Cuando aquella chica abandonó el vagón del metro, vi caer algo del interior del libro que llevaba en la mano. Al principio me pareció un señalador, pero al agacharme vi que se trataba de un personaje que guardé en el bolsillo con un poco de vergüenza, la verdad, pues los viajeros me miraban con gesto de censura, o con expresión de asco, como si hubiera cogido una cucaracha del suelo. Me bajé en la siguiente estación, aunque no era la mía, e hice el resto del camino andando. Ya en la oficina, coloqué al personaje sobre la mesa y vi que era un individuo verdoso, con un traje raído y una corbata cuyo nudo parecía fosilizado, como si llevara años quitándosela y poniéndosela sin deshacerlo. No había forma, en fin, de adivinar a simple vista de qué novela se había caído, y yo no había visto el título, pues la chica llevaba el libro forrado.
Al día siguiente guardé al personaje en el bolsillo con la confianza de encontrar a la chica y devolvérselo. Pero no apareció. Durante una semana ensayé a coger el metro un poco antes o un poco después sin ningún resultado. Finalmente, pregunté al personaje de qué clase de novela había salido y me confesó que no pertenecía a una novela, sino a un libro de gestión empresarial editado por una congregación religiosa. "Y no quiero regresar de ningún modo a ese libro", añadió. No se había caído, pues, sino que se había arrojado de cabeza huyendo de los números o quizá de la teología. Me pidió que lo abandonara dentro de una novela cualquiera con tal de que no fuera de terror, pues ese género lo conocía suficientemente a través de la contabilidad.
Ese día, a la hora de comer, me acerqué a una librería y hojeé las novedades. Como se trataba de un personaje joven, me pareció que estaría bien abandonarlo dentro de una novela larga, con mucho argumento y un final feliz. Así lo hice, comprobando en sucesivas visitas que se había integrado en la historia perfectamente. Ayer volví a tropezar con la chica en el metro. Llevaba otro libro, también forrado, del que en un descuido se arrojaron al suelo cuatro personajes espantados. Pero esta vez hice como que no los veía. Bastantes problemas de colocación tiene uno consigo mismo.



Juan José Millás, Por Tomás Fournes

jueves, 24 de noviembre de 2011

Mi mundo cliché


Quiero vivir donde nadie me ve
y que coincidan mis contradicciones para siempre,
 en mi mundo cliché.
Quiero bañarme en sol y callarme,
que vuelvan a hablar mis canciones
porque a ellas nadie les responde.

Ahora que grito y no me escuchan,
recuerdo cuando mis secretos aturdían.
Si ya pasó es porque nunca existió.

Mientras mis ojos vuelan
en dirección al sol,
tu mirada me ve con ironía.
Diferenciarse siempre, suele ser muy poco original.

Y así fui al frente con un doble par.
Todo llega y, de esperar, todo se va.
Cuando me crean empezaré a mentir.
Si va a tardar prefiero no esperar,
fingí mi muerte para verte llorar,
y cuando te tuve ya no te quise más.

Mientras mis ojos vuelan
en dirección al sol,
tu mirada me ve con ironía.
Diferenciarse siempre, siempre es muy poco original.

Por, Diego G. Silva